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DPA
DOCUMENTS DE PROJECTES D' ARQUITECTURA

CONTENIDO

ARTÍCULOS

LA CONCEPCIÓN MATEMÁTICA EN EL ARTE DE NUESTRO TIEMPO. [pdf]
Max Bill

UNA NOTA SOBRE ARTE Y MATEMÁTICA. [pdf]
Claudi Alsina

HASTA EL INFINITO CON MAX BILL. [pdf]
Ton Salvadó

TEMA CON VARIACIONES. UNA REFL EXIÓN MUSICAL A PARTIR DE LA OBRA DE MAX BILL. [pdf]
Josep Maria Guix

SECCIÓN SUIZA EN LA "TRIENNALE DI MILANO" DE 1936. [pdf]
Max Bill

EL ARTE CONCRETO TRABAJANDO. [pdf]
Bruno Reichlin

MONUMENTO AL PRESO POLÍTICO DESCONOCIDO, 1952. [pdf]
Max Bill

LA CONSTRUCCIÓN DE LA ESTRUCTURA COMO ARTE: EL PABELLÓN "EDUCAR Y CREAR" EN LA EXPO 64 DE LAUSANNE. [pdf]
Franz Graf

MAX BILL A TRAVÉS DE CINCO CONCEPTOS. [pdf]
Carles Martí y Joan Llecha

En memoria de Enric Miralles

VARIACIONES DE ENRIC MIRALLES SOBRE MAX BILL. Ton Salvadó

ENRIC MIRALLES, PARA EVITAR EQUÍVOCOS. Josep Miàs

 

DEBATE

L'ENSENYANÇA DE PROJECTES A TRAVÉS DELS SEUS RECEPTORS
Xavier Pouplana

max bill

MAX BILL. DPA 17 , Edicions UPC, Barcelona, 2001.

 

EDITORIAL

En los años centrales del siglo XX, en la Europa convaleciente y maltrecha que intentaba superar el trauma de la segunda guerra mundial, pocos arquitectos gozaron de tanta celebridad como Max Bill. Su condición de “artista total”, capaz de abarcar todo el territorio de las artes visuales (arquitectura, escultura, pintura, diseño industrial y gráfi co, etc.) y de trabajar en cada una de esas disciplinas con la misma intensidad, coherencia y voluntad constructiva, parecían convertirle en el principal heredero de las vanguardias artísticas de las primeras décadas del siglo.

Bill había nacido en 1908. Tenía, pues, veintiún años menos que Le Corbusier y veinticinco menos que Gropius. Pero a pesar de pertenecer ya a otra generación, representaba, en cierta medida, la continuidad con las ideas y experiencias de algunos de los maestros pioneros de la arquitectura moderna. Este hecho adquirió una evidencia simbólica con la creación de la Hochshule für Gestaltung en la ciudad de Ulm, proyectada y construida por Max Bill entre 1950 y 1955, cuyo declarado objetivo era recuperar y desarrollar el legado cultural de la antigua Bauhaus, reanudando, en otro tiempo y lugar, una actividad que los prolegómenos de la guerra habían interrumpido bruscamente.

Lo cierto es que la obra de Bill ejerció, a lo largo de los años cincuenta, una poderosa influencia sobre la cultura arquitectónica, concitando las esperanzas de cuantos seguían apostando por los valores de la modernidad como principio de acción. Tal vez por esa razón, cuando a finales de la década de los sesenta esos valores entraron en una profunda crisis, la estrella de Bill se fue apagando, hasta quedar sumida en un olvido no por explicable menos injusto que, entre nosotros, persiste todavía.

En las actuales escuelas de arquitectura españolas bien pocos son los que han oído hablar de Max Bill y menos aún quienes tienen de él un conocimiento que supere el nivel superfi cial. Que nosotros sepamos, desde el extenso y sugestivo artículo que le dedicara Juan Daniel Fullaondo en el número 92 de la revista Nueva Forma, en el año 1973, no se ha publicado en España nada signifi cativo sobre la arquitectura de Max Bill. Es hora de terminar con esta situación. Máxime cuando se trata de una obra que, a nuestro juicio, mantiene intacta su vigencia y su contagiosa vitalidad.

Max Bill fue un artista dotado de un registro tan amplio, que cualquier intento de aproximación crítica a su trabajo resulta inevitablemente parcial. Este número de DPA tampoco escapa a esa limitación. Hemos optado, pues, por concentrar la atención en dos de esos territorios intermedios, situados entre la arquitectura, la escultura y el diseño, que Bill gustaba frecuentar. Nos referimos a los montajes de pabellones de exposición y a los proyectos de monumentos, ámbitos en los cuales brilla con especial intensidad su talento sincrético y su refi namiento visual.

A manera de introducción, proponemos a nuestros lectores un texto de Max Bill publicado en 1949 con el título “La concepción matemática en el arte de nuestro tiempo”, en el que encuentran una formulación sistemática muchas de las ideas e intuiciones que Bill había ya experimentado en sus obras como, por ejemplo, esa profunda sintonía entre música, matemática y arte, que le había permitido extrapolar al campo visual el procedimiento musical de las variaciones sobre un tema, cuestión que ha sido objeto de análisis en varios artículos de nuestros colaboradores.

Tras este pórtico, se presentan, por orden cronológico, algunos de los proyectos más incisivos de Max Bill: la exposición de la sección suiza en la Triennale di Milano de 1936, el Monumento al trabajo, de 1939, el Monumento al preso político desconocido, de 1952, y el pabellón de la exposición nacional suiza en Lausanne, de 1964. El breve texto fi nal trata de resumir en cinco conceptos los rasgos esenciales de su personalidad artística. La monografía se completa con una relación ilustrada de sus principales obras y proyectos de arquitectura. De este conjunto de materiales se desprende la sensación de que estamos ante una obra que no ha agotado aún su signifi cado, ante una cantera tan sólo parcialmente explotada, que contiene fi lones ocultos que irán saliendo a la luz en sucesivas exploraciones.

Post Scriptum
Conociendo el interés que Enric Miralles sentía por el trabajo de Max Bill, tenemos la impresión de que, si siguiera entre nosotros, le hubiese gustado participar en este número de DPA. No siendo esto posible, hemos pensado que el mejor homenaje que desde estas páginas podíamos dedicarle, era dar la palabra a dos de sus más destacados colaboradores en las tareas docentes, para que nos hablasen tanto de esa mirada cómplice que Enric Miralles había dirigido a Max Bill en alguno de sus últimos proyectos, como de su peculiar y magnético modo de entender el diálogo sobre arquitectura a través del dibujo.

Agradecemos a ambos su aportación y su esfuerzo por hablar, ante todo, de Miralles como arquitecto, sobreponiendose al dolor por la muerte del amigo.